viernes 30 de octubre de 2009

Si las bicis volaran en Palencia

En Palencia estamos acostumbrados a dilapidar nuestro dinero. Somos nuevos ricos y acostumbramos a alfombrar las calles con nuestra prepotencia. Así, a bote pronto, como obras lamentables y ejemplos de la torpe prodigalidad de alcaldes palentinos, me vienen a la cabeza pifias municipales como aquel empedrado de la calle mayor que hubo que desmontar y eliminar porque no había día en que no hubiese una o varias caídas sobre su superficie áspera, puntiaguda y molesta. Los gastos del levantamiento de aquel trabajo y su inmediata sustitución pueden pasar a los anales del despilfarro.

La pérfida reforma del parque del Salón, que convirtió uno de los rincones más propios, personales e intransferibles de Palencia en un adefesio vulgar e impersonal, que tanto podía estar en nuestra ciudad como en Sebastopol o el Bronx, es otro ejemplo, más reciente, de torpe alcaldada contemporánea. Por arte de birle birloque –que aquí mando yo y basta- donde había un parque antiguo y romántico tenemos ahora un parque futurista, cuyo emblema es esa refulgente caja metálica que quieren hacer pasar por un templete y ese esqueleto metálico de una nave industrial que algunos ingenuos llaman pérgola.

Y ahora le ha tocado al carril bici. Al calor del plan E (¿Esperpento? ¿Espejismo? ¿Estulticia?) y sus consecuencias a Palencia le ha salido un carril bici que es reflejo de la precipitación general de las obras de dicho plan al tiempo que es prototipo de despilfarro de las arcas públicas. Para quienes me lean desde fuera de Palencia les cuento que en esencia el nuevo carril bici transcurre en medio de los cuatro carriles de una autovía que circunvala buena parte de la ciudad. Dos carriles en cada sentido que comunican los dos extremos de Palencia, que son sin duda uno de los lugares de mayor tráfico de la ciudad.

Y no contento con eso, brigadas de esforzados empleados municipales se han empeñado en pintar antiestéticas rayas blancas por las principales avenidas de la ciudad, señalando el camino de las bicicletas a la par que manchando penosamente el suelo de las aceras e impidiendo teóricamente el paso de peatones que se ven relegados.

2 comentarios:

Javier Jurado dijo...

Creo que has mencionado las tres principales chapuzas de nivel catastrófico de los últimos años: las que, por desgracia, han cambiado nuestra ciudad.
Lo de la Calle Mayor fue para coger a los dos alcaldes y ponerles a hacer a ellos dos solitos la calle mayor entera; lo del Salón, vale que fue por concurso, pero por mucho menos dinero habíamos mantenido la esencia de un parque isabelino único en España (Aunque ahora hay gente de fuera que, sin conocer lo anterior, me dice que le gusta. Para gustos...).
Pero ya lo del carril bici... El tiempo hablará por nosotros.
Saludos.

Pedro de Hoyos dijo...

Gracias, Javier, de lo del carril bici también podemos ir hablando nosotros. Si recorres las hgorribles pinturas de la Avenida de Madrid y alrededores verás que, además de su grosería, hay lugares en los que el peatón se ve constreñido a espacios mínimos, incómodos y poco... "progesistas". Por lo menos.

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